Lo mejor del papel

Marc Coma: “Mi objetivo es volver a ganar el Dakar”

Hace tres días llegaba a lomos de su KTM al recinto ferial La Rural de Buenos Aires como vencedor absoluto del Rally Dakar. Ya lo había ganado en África en 2006 y, tras su caída en 2007 y la anulación del raid en 2008, ganó en 2009 la primera edición sudamericana. Ahora es el único español que lo ha ganado tres veces. Pese a su supuesta timidez, Marc Coma es extrovertido y afable a partes iguales: la entrevista que concedió a Carlos Garriga justo después de ganar su segundo Dakar, que publicamos en el número 16 de Autopos, el periódico, y que reproducimos por su renovado interés, fue una de esas que da gusto hacer.

Redacción Autopos

Como además está en el mejor momento para un piloto de raids (nació en Aviá, Barcelona, el 7 de octubre de 1976), piensa que aún puede llegar más lejos, y su objetivo es volver a ganarlo. Después, “cuando el estado físico no sea el que exige competir en moto o se resienta la motivación”, le gustaría aprovechar su conocimiento y años de experiencia en el rally más duro del mundo para correrlo pilotando un coche, como ya han hecho Stéphane Peterhansel y Nani Roma.

Cuentan tus biografías que llevabas una Cota 348 con ocho años, pero… ¿eso es posible?
No, no lo es (ríe), pero es que lo que no cuentan es que con esa edad yo solamente llevaba el manillar y que era mi tío Luis, un hermano de mi padre, el que la controlaba y se encargaba de frenar y cambiar de marchas. Aunque no tardé mucho en llevarla yo solo, eso sí es verdad.

Las motos eran asunto de familia…
Sí, siempre se había respirado gasolina en casa. Mi padre llegó a competir y ser tercero en un Campeonato de España senior, hermanos suyos y también de mi madre eran muy aficionados a todas las competiciones de motociclismo, algunos corrían… era la pasión familiar, sí.

Sin embargo, arrancaste tarde.
Sí, bastante tarde, y después de un camino muy largo. Hoy la carrera de un deportista profesional se orienta desde que es casi un niño. No fue mi caso, ni mucho menos. Siendo muy joven yo ya quería una moto, y mi padre no era muy partidario, no sé muy bien por que. Supongo que creía que era demasiado pronto. El caso es que con unos doce años, cumplida la condición de sacar buenas notas en el colegio, conseguí que me comprasen una Puch Cobra de 74 cc que ya tenía unos diez años… Y ahí empezó todo: corrí muchas carreras en las fiestas mayores de los pueblos de la zona, después conseguí una moto más grande de motocross, me apunte al Campeonato de Cataluña con unos amigos, después al de España…

¿Por qué pasaste al enduro?
El año 1994 fue importante en mi trayectoria, porque empecé a competir en el Campeonato de España de motocross, pero ya tenia 18 años y para mí era tarde. El motocross es una especialidad que requiere una técnica muy depurada, y yo quería ser profesional y poder vivir de la competición, era mi sueño, pero con el motocross si no empiezas muy joven es imposible llegar a la elite, así que me pasé al enduro. Y enseguida me sentí cómodo.

El asfalto, ni tocarlo…
No, ni se me pasó por la cabeza. Ni a mí ni a nadie: mi tío hacía trial, mi padre motocross… Hay que tener en cuenta que la zona donde nací y vivo es muy montañosa, allí lo normal es perderse por los caminos y las pistas.

¿Cuándo lograste tu sueño de ser profesional?
El primer año que competí en enduro, en 1995, gané el Campeonato de España junior, y eso me abrió las puertas del equipo nacional de enduro para el año siguiente. En 1996 me llevaron a competir al extranjero, y aunque aún no podía vivir de esto, la competición ya exigía una dedicación al cien por ciento, así que con el apoyo de la familia, que es fundamental al principio, decidí probar suerte.

¿Cuándo descubriste que el Dakar era tu carrera?
Siempre me había gustado, pero que era mi carrera no lo sabía aún. Después de varios años en el Mundial de enduro me puse a buscar equipo para correr el Dakar, creyendo que ya tenía la preparación y experiencia necesarias para atreverme, tras un proceso de formación y aprendizaje a lo largo de muchas carreras. Pues a pesar de todo eso, me pasé dos años buscándolo, porque el Dakar es una carrera muy cara, la experiencia lo es todo y los equipos no se querían arriesgar con los pilotos jóvenes que no habían participado nunca, por mucho currículum que tuvieran.

¿Cómo lograste ir la primera vez?
Gracias a Carlos Sotelo, ingeniero y piloto que lo había corrido varias veces. Él tenia un proyecto joven, con ilusión, a partir de un chasis que había hecho aquí en Cataluña junto a su equipo, con un motor Suzuki… Yo sabía que habían construido ese prototipo y me fui a verle a su tienda, a ofrecerme como piloto. Le convencí y así fue como pude participar por primera vez en 2002.

En 2003, tu primer año en KTM, ¿por qué pasaste de bicilíndrica a monocilíndrica?
Porque en aquel momento la punta del equipo era Nani (Roma), y a él le gustaban mucho las motos grandes. Aquel año se corrría en Túnez, Libia y Egipto, que son desiertos muy rápidos, y sobre el papel la bicilíndrica debía ser una moto ganadora (después, por circunstancias diversas, no lo fue, pero esa es otra historia). El caso es que las bicilíndricas eran las motos “pata negra”, los prototipos que solamente estaban a disposición de los pilotos oficiales, y en aquel primer año yo estaba integrado en el equipo pero aún no era un “piloto de fábrica”.

Y pasaste de escudero a subcampeón en dos años…
La verdad es que ya desde la primera participación con la Suzuki de Carlos Sotelo, aunque tenía muchas limitaciones me sentí muy cómodo y tuve la percepción de que aquella era mi carrera. Es una sensación difícil de explicar: entiendes la navegación, te concentras sin dificultad… es como el piloto que va bien sobre agua o el que va bien sobre seco, no se sabe muy bien el motivo. Digamos que entendía la carrera y me sentía con confianza… Lo que en el motocross veía imposible, o en el enduro en países nórdicos muy complicado, desaparecía en África, allí todavía no era viejo, aún tenía tiempo de llegar a estar entre los mejores.

Y ganar el Dakar en 2006 te dio la razón. ¿Fue una meta o una salida?
Muy pronto lo viví como una salida y debí haberlo vivido más tiempo como una meta. Ahora, con la perspectiva del tiempo, viendo lo difícil que es ganar un Dakar, creo que debería haber disfrutado más de aquella victoria. Trabajábamos a piñón fijo, aquel año debutábamos con una KTM prácticamente nueva construida especialmente para el Dakar, y después de ganar pensamos que lo verdaderamente difícil iba a ser mantenernos. De modo que estábamos muy concentrados y volvimos a trabajar a tope para volver a ganar. Después en 2007 me caí, en 2008 se anuló… Y cuando vuelves a darte cuenta de que no es nada fácil piensas “uf, quizá no lo vuelvo a ganar en moto nunca más y casi no he disfrutado el que he ganado”.

“Quizá no lo vuelvo a ganar en moto”… ¿También piensas cambiar de vehículo?
No es ningún secreto, se ha hablado mucho de ello y yo siempre he reconocido que me gustaría seguir corriendo en coche cuando el estado físico no sea el que exige competir en moto o se resienta la motivación.

¿Es el camino natural del piloto de motos?
Supongo que es la única forma de seguir compitiendo cuando tu cuerpo ya no está para aguantar un Dakar en moto, o por superarte a ti mismo con un nuevo reto… Yo soy cien por ciento motero, y en mi caso sería por lo primero. Creo que la experiencia en el desierto y el conocimiento de la carrera se pueden aprovechar en el coche, como han hecho Peterhansel o Nani, pero en este momento hay muy pocos buenos volantes libres y creo que aún me quedan fuerzas y posibilidades para estar unos cuantos años más al máximo nivel en motos.

¿África o Sudamérica?
Hay muchas más diferencias de las que la gente piensa. Se sigue llamando Dakar, las distancias son similares, los días de carrera también, vamos por desierto… pero hay pocas similitudes más. El desierto es completamente diferente, ahora sabes que hay una carretera a 200 km, y allí en África el desierto es de verdad, es la nada misma. Eso le daba ese punto especial de aventura, ese espíritu irrrepetible. En cualquier caso, en Argentina y Chile nos han recibido de una forma espectacular y nos han tratado muy bien. La gente se volcó con la carrera, la comida es mucho mejor, y para nosotros el lenguaje ha sido importante, en África era todo mucho más francófono y el poder hablar español nos ha dado una pequeña ventaja.

¿Qué recomendarías al amateur que quiere ir al Dakar?
Que antes de adentrarse en un Dakar conozca África en raids pequeños, como el de Marruecos o el de Túnez… Quizá se le ha perdido un poco de respeto con el traslado a Argentina y Chile y aunque es cierto que no es lo mismo no deja de ser peligroso, aunque sea por el cansancio físico de quince días en esas condiciones. El de Marruecos es una semana.

 

EN CASA COMO EN NINGUN SITIO
En Avià, un pueblo de montaña en la comarca del Berguedà, a unos cien km de Barcelona, celebran desde hace unos cuantos años una fiesta nueva a finales de enero. Se trata del recibimiento a su piloto Marc Coma, “el lobo de Avià” según le apodaron por esos lares, cuando regresa del Dakar. Este año fueron a desayunar amigos y vecinos, que le acompañaron en un recorrido en moto hasta llegar al centro del pueblo. Marc saludó a la gente desde el balcón del Ayuntamiento y disfrutó de una exposición de dibujos sobre el Dakar que habían hecho los niños del pueblo. El piloto, con toda modestia, le resta importancia a la pasión que despierta en su pueblo: “Todos los años hacen algo amigos y vecinos, una recepción con desayuno, lo que pasa es que los que están siempre, todos los años, son los del pueblo, y el año que gano vienen tres mil personas más de lo habitual”. Lo que ya le parece bien, claro: “He de estar muy agradecido porque siempre me he sentido muy querido, no solamente por la gente de mi pueblo, en general lo he sentido en todas partes desde el principio de mi carrera y me siento muy afortunado por ello. ¿Te cambia el éxito? Sin duda cambia el tipo de vida que llevas, los compromisos… sin ir más lejos, si no hubiera ganado dos Dakar no estaría aquí hablando contigo. Además de la prensa, tienes compromisos comerciales, promocionales… pero nada más, en el pueblo sigo siendo el mismo y allí no ha cambiado nada. Para entrenar es el mejor lugar: tengo allí montada la estructura con mi taller, mis mecánicos y mi preparador físico”.

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